Este artículo se lo dedico todas las mujeres del mundo, y a todos aquellos colectivos que hoy en día siguen sufriendo actos de represión y desigualdad social. En concreto se lo dedico a mi madre, que me ha cuidado durante toda su vida y lo sigue haciendo, y que me ha dado la oportunidad de ser como soy junto a mi padre y a mi hermano. Ella es una gran luchadora, siempre lo ha sido, y la manera con la que afronta la vida es digna de mencionar, porque es fascinante cómo se enfronta a todas las dificultades que se le ponen por delante.
Hace poco descubrí la corriente de pensamiento interseccional, que defiende que la razón de los desequilibrios sociales y la represión de ciertos colectivos va condicionada por muchísimas variables, en este caso no sólo el género, sino la raza, la etnia, la identidad y la preferencia sexual, la clase social y más. Por lo que es lógico que dependiendo de estos factores una persona se sienta más o menos oprimida por la sociedad o una parte concreta de esta, lo que condiciona la concienciación del problema de la desigualdad. En este día en concreto vamos a centrarnos en el feminismo: tengo que clasificar como un acto irracional que hoy en día un hombre clasifique a una mujer como un ser inferior a él mismo; no lo puedo entender. Pero el caso es que hay gente que lo piensa o que se siente cómoda con los privilegios que ofrece el patriarcado y los secunda. Aún así me parece un acto inhumano que este tipo de personas consigan perpetuar estas ideas, por ejemplo, pagando salarios más bajos a mujeres por el mismo trabajo que hacen los hombres, habiendo sectores mucho más masculinizados de mayor apreciación social, o impidiendo y obstaculizando que las mujeres puedan acceder a puestos de mayor responsabilidad. En algunos casos se trata de acciones intencionadas y en otros probablemente de estigmas sociales que indirectamente (o directamente en algunos casos) condicionan a las mujeres a rechazar vocaciones “más propias” del hombre, y a la inversa para los hombres (sobre todo en trabajos infravalorados o “delicados” como los del hogar). El sexismo que se da hoy en día deriva en muchos casos en situaciones deplorables y muy normalizadas como el desprecio y el acoso, la violencia y los abusos; llegando a casos desgarradores como el uso de ácidos, las mutilaciones genitales y los feminicidios.
En el caso de la gente que quiere desvincularse del feminismo, creo que hay una concepción de este muy estereotipada y cruelmente se representa como una amenaza hacia los hombres, cuando en realidad la intención es completamente diferente: acabar con los privilegios, del hombre blanco en concreto, que dejan a la mujer en una posición inferior. Creo que se trata de un pensamiento parecido, que intenta deshacer las redes que impone la sociedad patriarcal para ofrecer libertad e igualdad indiscriminada a todos los colectivos y minorías. Por lo que a la gente que crea en estos ideales les pido que investiguen y se documenten de lo que significa el movimiento feminista y muchas de sus corrientes (que siguen en constante debate) y entonces ejercer una opinión fundamentada; teniendo en cuenta a todo el colectivo y no a casos residuales.
¿Qué soluciones hay? La más profunda probablemente sea la educación; acabando con los casos precoces de machismo, lgtbfobia e intolerancia, que a esas edades principalmente tienen su fuente en algunas familias y en medios de comunicación. También es necesaria la educación a través del replanteamiento de los roles en los ámbitos público y privado de ambos sexos, de una forma equitativa e indiscriminada. Y para intentar mejorar la sociedad actual, muy condicionada, la normalización de los derechos y la visualización de los problemas es fundamental para hacer comprender cada vez a más gente de los problemas a través de verdaderos testimonios. Por último, cabe decir que este movimiento evoluciona con el tiempo, por lo que, aunque no me puedo poner en la piel de una mujer, entiendo que tengo que escucharla y luchar por acabar con las injusticias que vayamos encontrando por el camino. Más empatía y menos reguetón misógino.
