8 nov 2017

El engranaje

He perdido en parte la confianza en el sistema educativo. En el caso de la primaria y secundaria es verdad que hay más afluencia de buenos profesores, pero llega la universidad y todo se hace pedazos. Por experiencias propias y de amigos llego a una idea clara: el estudiante que suspende no es un completo imbécil, como algunos quieren creer.

El mundo de hoy en día ofrece muchas posibilidades, aunque no todas tienen el reconocimiento social/económico que probablemente deberían. El caso es que, dejando aparte ciertas ideas utópicas, si tú estás dentro del sistema de un país desarrollado y realmente quieres dedicarte a algo, puedes llegar a hacerlo. Cuidado, no digo que puedas ganarte la vida. Ese es el problema, la remuneración de muchas labores no ofrece posibilidad ni de una subsistencia. El otro problema es no conseguir llegar, por X o por Y, o por el sistema educativo.

Como decía, me siento temporalmente derrotado ante la gran estructura de profesorado universitaria. Los profesores, a veces llamados “grandes héroes”, pueden acabar siendo los grandes antagonistas. Me refiero a los mal llamados profesores. Se que es un problema muy estructural que lleva sucediendo décadas o quizás siglos, pero me gustaría que en un futuro no muy lejano se pudiese resolver. Ese profesor que llega a la clase, se sienta en su mesa, pone la llamada “transparencia” y lo único que hace es recitar y demostrar su superioridad ante el alumno. Obviamente es una generalización como una casa, pero, al fin y al cabo, creo que hay muchos alumnos que ahora mismo pueden estar pensando en un mal llamado profesor. Al fin y al cabo, es una ejemplificación de alguien que no entiende o no quiere entender lo que significa el mundo de la docencia. Alguien que cree que al poseer un alto nivel de conocimiento está completamente capacitado para dar clase. Pues siento decirles señores que las cosas han cambiado y aún lo harán más. El mundo se abre: el desarrollo es constante y el conocimiento se amplía. Quizás en épocas anteriores les era útil ese método, pero cada vez más, el estudiante se da cuenta de que, además de hacer un gran esfuerzo personal, necesita la ayuda del maestro para entender y estar motivado.

Mi definición de maestro no es otra que aquél que sepa enseñar. Aquella persona que entienda la psicología de un niño, un adolescente, un joven o un adulto, o que se esfuerce por entenderla, para poder conseguir su propósito de enseñar. Alguien que se pregunte de vez en cuando si su método es el más adecuado, que busque otras opiniones de maestros o alumnado y que sepa rectificar o cambiar para mejorar. He visto muchos profesores en mi vida que concuerdan con esta idea. Es más, estos profesores muchas veces sufren limitaciones debido al sistema educativo; en mi opinión, la estructura del problema.

“Queremos reducir el abandono de los estudios”, una frase muy repetida por la administración. La pregunta que me formulo es: ¿Realmente queréis?, porque no concordáis con mi definición. Si entendieseis lo que realmente significa ser profesor quizás las cosas cambiasen.

¿Mi propuesta? Una enseñanza más enfocada en las inquietudes del alumno, más versátil (sobre todo cuando el estudiante ya tiene unas capacidades intelectuales y criterio desarrollado), más humana. Sí, parece muy típico: humana; pero es así, porque al fin y al cabo somos seres caracterizados por la curiosidad, por la imaginación y la capacidad de crear, y creo que estos valores no se potencian lo suficiente. La gente busca el conocimiento, pero porqué tiene que estudiar aquello escogido de manera arbitraria. ¿Dónde está la capacidad de elección? Creo que sólo uno mismo sabe lo que puede querer, y tiene el derecho de centrarse en eso que busca. Y si se equivoca, el mundo no se viene abajo, o no debería.

Realmente soy consciente de este problema a partir de la primaria, y se va acentuando con el paso de los años. Al fin y al cabo, el método del encasillado lleva a mucha gente a preguntarse por su lugar en el mundo, por su incompatibilidad con todo lo que ha llegado a conocer en su corta existencia. Y creo que esto no debería ser así, creo que, como digo en un principio, hoy en día se nos abren más posibilidades que nunca.

El problema es el de un sistema que crea capital humano, pero muy motivado por sus intereses en el rendimiento de este en la economía capitalista actual. Y eso hace que me pregunte si realmente ese conocimiento arbitrario impartido no forma parte de una doctrina de Estado que nos hace entrar de manera automática en el engranaje del sistema. Como decía Max Weber, el sistema capitalista actual ha activado una palanca sin retorno, en la que desaparecen completamente los valores morales y son substituidos por un único objetivo: la creación de riqueza. Y en ese momento es donde empieza a salir una discordia entre la gente que se adapta al sistema y la que se rebela e intenta salir de este.

Mis conclusiones defienden la idea de que tenemos los medios, en el mundo desarrollado, para que el ser humano desate su curiosidad y su imaginación y la ponga en práctica en aquello que crea conveniente. Pero el sistema necesita un cambio en el margen económico, social y educativo para que ese objetivo se pueda cumplir.

Otro día hablaré de aquellas personas que no tienen oportunidad, que son muchas, principalmente en países menos desarrollados económicamente y de cómo el mundo desarrollado (en relación con el cambio de espectro que he comentado) tiene que entender definitivamente la necesidad de desarrollar la sostenibilidad, en primer lugar ambiental, para la pervivencia de nuestra especie.


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